Dopaje... Un año más

Ciclismo -27/12/2007

Dopaje... Un año más

El año post Operación Puerto ha vuelto a dejarnos al dopaje como principal protagonista con dos nuevas secuelas que darán mucho de qué hablar. El dopaje nos deja la retirada de patrocinadores y una falta de consenso evidente entre diferentes agentes para

Cuando me dijeron que tenía que escribir sobre este tema, lo primero que pensé fue: otra vez la EPO, la Operación Puerto, el Tour, la lucha de la UCI contra todo y todos, etc. Vamos, hablar de lo mismo de los últimos años y de un problema que no hay quien lo resuelva.

 

Sí, el dopaje ha existido, existe y lo seguirá haciendo. Al final de cada temporada nos toca hacer recapitulación y siempre encontramos de qué hablar. La novedad con lo sucedido en 2006 es que algunas de las consecuencias derivadas de los últimos casos de dopaje que hemos vivido han ido más allá de las simples sanciones deportivas a los infractores.

 

Sin patrocinadores

 

Lo que más nos ha llamado la atención es la decisión que ha tomado la firma alemana T-Mobile de dejar el ciclismo. Los últimos acontecimientos han llevado los dirigentes “rosas” a decir ¡basta!. El dopaje de Patrick Sinkewitz en el pasado Tour, las revelaciones sobre prácticas dopantes habituales en el equipo alemán durante los últimos años, las confesiones de algunos ex corredores de este equipo de haber recurrido al dopaje en épocas pasadas y la relación de Jan Ullrich con la OP, han sido los detonantes.

 

El dopaje ha retirado de la carretera a uno de los clásicos. Algo que tampoco es nuevo porque, anteriormente, firmas como Mapei o Festina hicieron lo propio hartos de ver su nombre relacionado con casos sospechosos. Los que pagan no quieren manchas. El dopaje puede ser el principal obstáculo para que los equipos sobrevivan.

 

Y sin consenso

 

Pero si complicado es encontrar dinero para patrocinar un deporte que parece que lleva el cartel de “peligro” pegado a la espalda, más complicado es poner de acuerdo a todos los agentes involucrados en el ciclismo para luchar contra el dopaje. Y para explicarlo, me remito al caso de Iban Mayo.

 

En un control realizado en una de las jornadas de descanso del Tour 2007, Iban Mayo daba positivo por rastros de EPO encontrados en su orina. Un caso que todavía sigue dando de qué hablar y, sobre todo, que pone en evidencia la falta de unidad respecto a un problema común: el dopaje.

 

Después de un primer análisis positivo, un laboratorio de Gante (Bélgica) dictaminó en la muestra B que las pruebas contra Mayo no eran concluyentes. No se demostró el positivo y la RFEC, quien sanciona al corredor en caso de dar positivo, dio el caso por cerrado.

 

Pero la UCI puso en evidencia sus propias leyes e incluso dudó de los métodos utilizados en el laboratorio belga. Así, decidió realizar una tercera muestra en el que consideran su laboratorio de referencia, el de Chatenay Malabry. La tercera muestra ha dado positivo y ahora el futuro de Mayo se ennegrece un poco más.

 

El caso de Iban se resume en una lucha entre laboratorios que hace culpable al deportista. Un sinsentido que nos demuestra que, hoy por hoy, nadie se pone de acuerdo en los métodos para erradicar el dopaje y menos en señalar las formas de detección y el protocolo a seguir. Así, poco se puede hacer.

 

La pesadilla vuelve en el Tour

 

Curiosamente el caso de Mayo se produce en pleno Tour de Francia. Y es que la carrera gala parece ser sinónimo de escándalo en los últimos años. Si la Operación Puerto nos puso los pelos de punta, lo ocurrido en el pasado Tour de Francia de 2007 nos ha vuelto a sorprender.

 

En 2006, Alexandre Vinokourov partía como uno de los rivales de Ivan Basso por hacerse con el triunfo, pero la OP quiso dejar al kazajo sin opciones de correr ese Tour porque su equipo, el Liberty Seguros no pudo empezar la carrera. Vale, tampoco lo hizo Basso.

 

Así, el 2007 debía ser el año de Vino. Se hizo su equipo, avalado por el Gobierno de su país. Salió de Londres con la intención de buscar el Tour que tanto añoraba. Pero una transfusión de sangre le mandó para casa como a su compañero de equipo, Andrey Kasheschkin.

 

Lo nunca visto

 

El dopaje volvía a ser el protagonista de la carrera, un mal protagonista que engrandeció su papel estelar con las mentiras de Michael Rassmusen. El danés era el líder de la carrera, pero a los organizadores del Tour no les hacía gracia tener en carrera a un mentiroso que había eludido varios controles. Su equipo, el Rabobank, cedió a la presión de unos y otros y echo de la carrera a su “pollo”.

 

Pero eso no es todo. Hasta quienes más abogaban por luchar juntos contra el dopaje y los tramposos, quienes incluso hicieron un conato de sentada en una de las salidas de etapa de la ronda gala, se vieron manchados por el dopaje. Un corredor italiano del Cofidis era detenido en carrera por otro caso de dopaje. Y si hablamos de Sinkewitz, llegamos hasta las primeras líneas de este artículo. En fín…

 

Difícil arreglo para un problema común

 

Si las cosas siguen así, la solución queda lejos. El código ético firmado por los corredores, los equipos, las muestras de ADN y la futura implantación del pasaporte biológico parecen no ser las soluciones a un problema con mucho más trasfondo que el mero hecho de tomar o no un producto prohibido. A lo lejos uno ve un conflicto de intereses que ensombrece todo lo demás.

 

Lo que más me fastidia es que el año está a punto de acabar y de que cada día uno descubre que, a veces, este deporte es el patito feo. Lo digo por una noticia que me ha sorprendido.

 

Hace poco leía que a Romario le han castigado con 120 días de suspensión por dopaje o algo así. Un compuesto utilizado como crecepelo que podría servir para enmascarar alguna sustancia dopante es la causante de tan enorme castigo. Vaya, algo parecido creo que ocurre con uno de los corredores del Benfica. ¿Será castigado como Romario?, ¿Será suspendido por dos años como los demás corredores?. En fin, que así son las cosas o eso parece.

Eurosport - Ander Bilbao - 27/12/2007 10:45